Las proteínas que contienen las carnes magras estimulan la activación del metabolismo en su digestión y consumen mucha energía (el 30 por ciento de las calorías que contiene). Se recomienda tomar las piezas de carne que menos grasas contienen como la pechuga de pollo, el solomillo y el lomo en la carne vacuno y el cerdo. Es importante retirar la parte grasa que contenga la carne, si no el aporte de lípidos será mayor que el desgaste.  Con el pescado sucede lo mismo y además tiene un añadido: los ácidos grasos que contienen algunos de las especies más grasas son beneficiosos, como el Omega 3.